Rastreadores militares en la lucha contra el COVID-19

Dudas en cuanto a su formación y horario de trabajo; pero no en cuanto a su coste, fijado en 0 €, y en su afán de servir a sus conciudadanos.

Leganés, 30 agosto de 2020

Una vez más, aquí estamos los militares, donde se nos necesita.

Una vez más, damos el paso adelante y nos ponemos a disposición de los ciudadanos.

Una vez más, en un ciclo que se repite una y otra vez en el seno de las fuerzas Armadas, anteponemos, como no puede ser de otra manera, los intereses de la ciudadanía a los nuestros propios.

Desde ATME llevamos mucho tiempo denunciando la situación que padece la tropa y marinería y sus familias, tanto a nivel profesional como retributivo, con un modelo de carrera temporal y unas retribuciones paupérrimas.

No es oportunismo, pero indudablemente la actual situación ha dado una visibilidad a nuestros problemas hasta ahora desconocida. La mayoría de la sociedad española ha sido consciente, muchos quizás por primera vez, que sus Fuerzas Armadas están a su servicio, que sirven para mejorar las situaciones que pueden padecer. En una palabra, que el dinero que cuestan sirve para algo.

La última medida del Gobierno y del Ministerio de Defensa ha sido ofrecer a las comunidades autónomas 2.000 rastreadores militares; sin embargo, poco se sabe de cuantos existen actualmente, cuantos son necesario formar, como será la formación que se les imparta y su duración, el horario y las condiciones de trabajo en que se realzará, así como si será baremada para los cursos de ascenso o permanencia en las Fuerzas Armadas.

Después de recibir información de socios de ATME, existe una importante preocupación por parte de esta en los métodos para designar al personal rastreador en algunas unidades de los diferentes ejércitos, debido a la dificultad de poder contar con personal voluntario y que tenga conocimientos sanitarios. Si bien la subsecretaría de Defensa ha incidido en reiteradas veces que “no todos los militares pueden ser rastreadores” y en la importancia del proceso de selección, “porque significa elegir al personal más apropiado y cualificado para esta tarea” (La Moncloa, 27 agosto 2020) y los diferentes Mandos de Personal haya establecido que se debe seleccionar a este personal por sus conocimientos sanitarios, responsabilidad, dotes de comunicación y conocimientos de ofimática, nos tememos que en la designación por parte de las unidades puedan prevalecer otro tipo de criterios.

No debemos olvidar que este personal será seleccionado no por la Subsecretaria de Defensa o por los respectivos mandos de Personal, bajo criterios objetivos, de cualificación y de voluntariedad, sino por unidades tipo compañía donde puede primar el designar a candidatos que sean “poco necesarios” en la misma. Esto, ha llevado a ATME a redactar una batería de preguntas que será trasladadas a la Subsecretaria de Defensa en el próximo Pleno del Consejo de Personal de las Fuerza Armadas, a celebrar previsiblemente a finales de septiembre, y cuyos puntos esenciales son los siguientes:

 

  • Forma de designar a los rastreadores por parte de las unidades militares.
  • Duración y tipo de formación que reciben los rastreadores militares, si esta será baremada para las diferentes convocatorias de ascenso o permanencia en las Fuerzas Armadas, así como si tendrá convalidación con los cursos semejantes impartidos por las diferentes comunidades autónomas.
  • Si el tiempo permanecido realizando labores de rastreadores será baremado a la hora de participar en cursos de ascenso o permanencia
  • Horario de trabajo.
  • Existencia de compensación económica, tipo Complemento de Dedicación Especial (CDE), en caso de que el horario de trabajo exceda el normal de sus unidades o sea realizado en jornadas festivas.
  • Compatibilidad con las misiones y servicios de la unidad de destino.

 

Como siempre, la gratuidad del trabajo de los militares y la responsabilidad de estos de servir a sus conciudadanos, hace de ellos la herramienta perfecta y más barata en los momentos más críticos. Ningún colectivo de trabajadores, fuera de las Fuerzas Armadas, asumiría de buen grado que una mayor carga de trabajo, una mayor responsabilidad, y unas jornadas sin horario, no fueran retribuidas salarialmente.

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